GANGS OF LONDON | AUDIO CASTELLANO

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En la primera secuencia de ‘Gangs of London’, que se desarrolla de noche, bajo un cielo londinense espectral, un individuo cuelga boca abajo de lo alto de un edificio, atado con una cuerda al pie. Pide clemencia, pero el hombre que lo contempla, Sean Wallace, ni se inmuta. Rocía el cuerpo colgante con gasolina y le prende fuego. El hombre se retuerce de dolor hasta que el fuego sesga la cuerda y la antorcha humana se precipita al vacío, confiriéndole a ese cielo espectral y eléctrico una resonancia aún más fantasmagórica.

No por estilo, ya que la secuencia es muy estilizada en su brutalidad, pero si por los actos, este arranque marca al fuego, nunca mejor dicho, una serie criminal sobre rivalidades entre clanes mafiosos londinenses sostenida por una violencia muy cruda y salvaje, realmente salvaje. Las posteriores escenas de peleas en un pub, un callejón o un hotel, a puñetazos, machetes, punzones, pistolas o metralletas, son en extremo descarnadas y realistas. Matar no es fácil, hay que apuñalar muchas veces un cuerpo o golpearlo con precisión, y a eso se dedica la puesta en escena bárbara de ‘Gangs of London’, a mostrar las muertes y actos violentos sin tapujo alguno.

La trama es más tradicional, pero no por eso carece de interés en sus giros. Tras el asesinato del patriarca de un clan, los Wallace, el resto de miembros de la mafia londinense se disputa la hegemonía. Gareth Evans y Matt Flannery, creadores de la serie, contemplan todas las razas y etnias, credos y formas de entender el crimen organizado. La serie es un vasto tapiz del operativo mafioso, de sus cuitas, rivalidades, manipulaciones y ambiciones.

Todo parece contemplado desde la mirada turbia del personaje inicial, el violento Sean Wallace, el líder de la nueva revuelta en el crimen organizado tras la muerte de su padre, pero no faltan muchos otros personajes de considerable interés, como la madre de los retoños Wallace, otra suerte de Lady Macbeth a la que da vida una actriz de ‘Juego de tronos’, Michelle Fairley, y, sobre todo, el sicario de los Wallace llamado Elliot, personaje igual de turbio, pero a la vez cristalino.

Evans dirige varios episodios. Procedente del cine de terror –uno de los segmentos de ‘V/H/S/2’ y ‘El apóstol’– hace que a veces la violencia realista se tiña de ‘gore’. No en vano ha contado con otros dos cineastas del género como Corin Hardy –‘La monja’– y Xavier Gens –‘Frontière[s]’ y ‘La piel fría’– para dotar de esa carga visceral este excelente mosaico de la criminalidad londinense.