DERECHO A SOÑAR

DERECHO A SONARZabalburu, Leiva y Duarte, ZL&D por sus siglas, es uno de los bufetes más prestigiosos de Madrid, gracias al trabajo de sus tres socios: Francisco Zabalburu (Joaquín Climent), Felipe Leiva (Joaquín Notario) y Carlota Duarte (Ana Risueño). Aunque los tres mantienen una buena relación entre sí, Felipe comienza a sospechar que Francisco le oculta algo y no está equivocado: Zabalburu usa el bufete para lavar dinero en el marco de una compleja trama delictiva. Ese descubrimiento hace que Felipe aparezca muerto en su despacho. Lo que para todos es un infarto, encubre, en realidad, un asesinato cometido por los cómplices de Francisco en el lavado de dinero.

La muerte de Felipe trastoca la vida de Jorge (Jon Arias), su único hijo. Este joven abogado, que lleva años en Chicago, regresa a España para despedir a su padre y decidir qué hacer con su herencia. El destino quiere que su llegada al bufete coincida con una prueba de selección para contratar a un nuevo pasante. A esa prueba concurre Julia (Alba Ribas), una joven humilde que con mucho esfuerzo se ha licenciado en Derecho. La casualidad hace que Jorge y Julia se conozcan y que ella acabe formando parte de ZL&D como su secretaria, tras rehusar presentarse a la prueba de pasante por su inexperiencia.

Jorge será el jefe de Julia y también su mentor, pues depositará en ella su confianza para que la joven asuma sus primeros casos como abogada. Las horas que pasan juntos en el trabajo hacen que ambos se enamoren, aunque lo suyo, como muchos de los casos que pasan por el bufete, no será algo fácil de resolver. Ella mantiene una relación con Chema (Diego Domínguez), su novio desde que era una adolescente. Jorge, por su parte, deja en Chicago a Madison (Montse Pla), su prometida.

Aunque la historia de Julia y Jorge no está exenta de dificultades, juntos demostrarán que todos tenemos un derecho irrenunciable, nuestro derecho a soñar.

DATOS Y TRÁILER


España. BocaBoca (Veralia) para TVE, 2017.

130 capítulos*.

PRODUCTORES EJECUTIVOS: Carlo Boserman (Veralia) y Juanjo Sánchez Vila (TVE). Ignacio Gabasa y Vicente Torres (productores de la telenovela).

GUION: Ignacio Gabasa, Paula Jiménez, Nicolás Saad (creadores). Luis Moreno, Daniel Castro, Denise Despeyroux, Almudena Vázquez, Antonio Galeano, Xabi Puerta et al.

DIRECCIÓN: Valerio Boserman, Federico Untermann, Manu Gómez y Víctor García León.

Emitida en España entre el 21 de enero y el 12 de julio de 2019.

*Los capítulos tienen una duración dispar. Los diez primeros se sitúan entre veinte y cuarenta minutos cada uno y el resto, entre cincuenta y cincuenta y cinco.

 

PERSONAJES Y ACTUACIONES

Derecho a soñar cuenta con un elenco fijo reducido, centrado en el personal de ZL&D y algunos de sus familiares o amigos. Alba Ribas encabeza ese elenco, como Julia, una joven veinteañera que a base de esfuerzo ha logrado sacar adelante a su hermano tras la muerte de su padre y el abandono de su madre y que compaginando trabajo y estudios ha conseguido licenciarse en Derecho. Es un personaje muy bonito, muy maduro para su edad, que es de veintiocho o veintinueve años, y que además tiene un fuerte sentido de la justicia más que de la abogacía. Alba hace un buen trabajo y lleva a Julia de una forma muy natural.

A su lado está Jon Arias, que interpreta a Jorge, un joven abogado que ve el mundo desde otra perspectiva, la del hijo de unos padres pudientes que le han permitido estudiar cómodamente y tenerlo todo en la vida. También a diferencia de Julia, Jorge tiene un fuerte sentido de la abogacía más que de la justicia. Lo mismo que decía hace poco de Alba lo puedo decir de Jon. Además, el feeling que entre ellos se va desarrollando es muy bonito, aun cuando en tramas tengan sus más y sus menos, por lo cabezotas que son. Ahí está uno de los atractivos de esta telenovela: los protagonistas se equivocan muchísimo y sí, saben reconocer sus errores, aunque a veces al espectador se le apetezca traspasar la pantalla para pegarles un par de gritos. El contraste entre Jorge y Julia es interesante y argumentalmente está bien explotado, aunque con matices de los que ya os hablaré. No conocía ni a Alba ni a Jon y me han convencido.

ZL&D tiene una plantilla comandada por tres socios. Uno es Jorge y los otros dos son Francisco y Carlota. Joaquín Climent, el gran Joaquín Climent, interpreta a Francisco, el villano de la historia, un prestigioso abogado que es, de puertas para adentro, un tipo cínico, déspota, machista y capaz de usar su propio bufete para el lavado de dinero a través de sociedades offshore en paraísos fiscales. Es un personajazo y tiene tantos matices que lleva al espectador a enfadarse y a reírse, según salga el Francisco déspota, el cínico e irónico o el maleante. Magnífico trabajo el de Joaquín, al que llevaba años sin ver.

Ana Risueño es Carlota, la otra socia. Pese a su extensa trayectoria, no la conocía y es otro de los descubrimientos que me deja esta telenovela. Carlota es una mujer firme y decidida que proyecta entre quienes la rodean una imagen de Dama de Hierro pero que en realidad es mucho más humana de lo que parece. Es otro personajazo, en manos de una actriz que se luce interpretándolo.

Siguiendo el organigrama de bufete, en él se encuentran tres abogados más. Biel Durán interpreta a Jesús, el hijo de Francisco, que es todo lo contrario a él. Jesús es un abogado peculiar, ya que lleva años sin ir a los tribunales, dedicado al estudio y a sus clases en la universidad. Biel hace un trabajo estupendo. El segundo de esos abogados es Ángel, al que da vida Álex Adrover. Ángel es más parecido a Francisco que su hijo, algo por lo que quizás sea cómplice de sus delitos fiscales. Ángel es el personaje que más evoluciona dentro de la historia, gracias a una trama que lo une a Alba, la hija extramatrimonial de Francisco y contable del bufete. Guiomar Puerta interpreta a esta joven que se enamora perdidamente de Ángel sin saber que él solo quiere para tener más controlado a Francisco. Sin embargo, las cosas no saldrán como Ángel planea, ya que cuando entra en juego el corazón, ya sabéis lo que pasa. Alex y Guiomar están geniales y las cosas como son, hacen una pareja preciosa, cursi por momentos, pero con mucha química.

La tercera abogada del despacho es Berta. Ariana Martínez, otra desconocida para mí, se luce como esta joven, amiga de la infancia de Jorge, adicta a las redes sociales y más preocupada de lo que pasa en ellas que de lo que ocurre en la vida real. Cerca de Berta y de Jorge se encuentra otro abogado, amigo de ambos desde que eran niños, pero que no forma parte de ZL&D: Rodrigo, el desenfadado y juerguista. Juan Blanco es quien lo interpreta. Otra cara nueva para el que todo elogio es poco, porque está de matrícula de honor. Quedaos con su nombre, porque estoy seguro de que no tardará mucho en protagonizar alguna serie o telenovela. Es un actor con mucha madera y sin duda, el gran descubrimiento que me deja Derecho a soñar. Impresionante también el buen rollo que hay en las escenas que comparte con Jon, con Ariana o con ambos.

El transcurso de la historia hace que llegue a ZL&D otra socia, un personaje que está presente desde casi el principio pero que gana peso hacia la mitad de la telenovela: Victoria. Noelia Castaño da vida a esta mujer, que junto a Francisco y Ángel completa el eje del mal del bufete. Victoria es otro personajazo, que maneja el cinismo y la ironía como nadie. Noelia brilla con este personaje que, como os decía, da muchísimo juego en la segunda mitad de la telenovela.

Dentro de ZL&D aparecen más personajes, aunque ya no abogados. Es el caso de Sofía, la secretaria de Francisco, interpretada por Mamen Duch. Sofía es el prototipo de madre, madraza, que hace malabares para compaginar su vida profesional con la personal y la crianza de sus hijos Alex y Cristina, interpretados por Pedro Madrid y Lucía Fernández. Si normalmente conciliar es difícil, más lo es para la pobre Sofía, que tiene un marido que es un desastre, José, al que da vida Jorge Sanz. Mamen y Jorge hacen un buen trabajo, al igual que sus hijos en la ficción, aun cuando a nivel argumental las tramas de la familia puedan, en ocasiones, resultar pesadas.

Daniel (Javier Morgade), el asistente de Carlota; Charly (Songa Park), la informática del bufete; Carol (Violeta Rodríguez), la becaria; Tino (Daniel Pinchete), el administrativo cotilla, y Macarena (Silvia Alba) completan la plantilla de ZL&D y alivianan las tramas con sus cosas, chismes y bromas. Un grupo que da momentos muy divertidos y que refleja muy bien cómo lejos del estrés de los directivos de cualquier empresa siempre hay trabajadores que van a trabajar, a aprender y a tratar de pasárselo bien, aunque de vez en cuando les caiga alguna bronca.

Fuera del bufete, aunque en la esfera personal de los protagonistas, se localizan unos cuantos personajes. Es el caso de Maricarmen, la amante de Francisco y madre de Alba. Belén Fabra se convierte en esta dicharachera mujer, un personaje que vive durante años gracias a Francisco pero que poco a poco comienza a abrirse camino por sí misma. Me ha gustado mucho Belén y reencontrarme con ella después de unos cuantos años sin verla. Tiene, por cierto, una química muy bonita con Joaquín Climent y con Guiomar Puerta.

Aixa Villagrán y Arón Piper son Olivia y Luis

Otro de esos personajes es Olivia, la dueña del bar situado bajo el bufete e íntima amiga de Julia. No os podéis imaginar lo que me he reído con Olivia y lo que he disfrutado con sus reflexiones sobre aspectos de la vida sobre los que pocas veces nos paramos a pensar. Gran trabajo el de Aixa Villagrán, la actriz que da vida a Olivia.

Sin dejar a Julia, en su círculo personal aparecen también Chema (Diego Domínguez) y Luis (Arón Piper), su novio al comienzo de la historia y su hermano, respectivamente. No conocía ni al uno ni al otro y me han convencido. Agradezco también que Chema no se haya convertido en el típico villano una vez su relación con Julia se termina. Quien sí ha tenido más tintes de villana es Madison, la novia con la que Jorge comienza la telenovela. Montse Pla interpreta a esta joven caprichosa que da mucho juego, pero que quizás podría haber dado más de haber sido un personaje con más continuidad. Muy buen trabajo, no obstante, el de Montse.

El elenco fijo se completa con algunos personajes ligados a la vis jurídica y judicial de la telenovela. Es el caso del juez Quintana (Juan Messeguer), que también es el padre de Carlota, o de la jueza Larrechea (Lara de Miguel). Del juez me ha encantado su sentido de la justicia y su defensa del in dubio pro reo: “es preferible un culpable libre que un inocente preso”, asegura en una ocasión. De la jueza me quedo con su implacable carácter en sala y su ternura fuera de ella. Tanto Juan como Lara están de diez.

Dentro de esa vis jurídica y judicial se encuentran unos cuantos abogados que por lo general son parte contraria en los casos que llegan a ZL&D. De todos ellos, tres merecen una mención. Uno es Rafael Reaño, que interpreta a Antonio, el famoso actor reconvertido en abogado. El otro es Alberto Amarilla, que da vida a Héctor, un joven abogado que se enamora de Julia y con el que Madison podría haber hecho buenas migas. La tercera es Luisa, una abogada muy peculiar, tan charlatana como desesperante, que es interpretada por Teresa Rabal. Geniales los tres, aunque el personaje de Teresa Rabal merecía más recorrido argumental, más casos en los que enfrentarse a los de ZL&D.

TRAMAS

Muchos, entre los que me incluyo, nos acordamos de La ley del corazón cuando supimos algunas cosas sobre Derecho a soñar, sus tramas y su esquema narrativo. Sin embargo, realmente lo único que ambas telenovelas tienen en común es que transcurren en despachos de abogados y que las tramas personales se entremezclan con las profesionales o lo que es lo mismo, los casos. Sin embargo, en Derecho a soñar la relación tramas personales-casos está bastante más equilibrada que en La ley del corazón, donde, al menos en la primera temporada, los casos tenían más peso.

Más allá de ese fondo equilibrado entre casos y tramas personales, Derecho a soñar  tiene también una forma narrativa novedosa y arriesgada, que se mantiene durante los primeros ciento diez capítulos más o menos: cada capítulo se corresponde con un día, el mismo día de la semana en la que ese capítulo debería emitirse. Con esto hacen que en el capítulo del lunes lleguen al bufete, donde también están de lunes, uno o varios casos que acaban siendo resueltos, como muy tarde, en el capítulo del viernes, que coincide con el viernes de los personajes. No hay fines de semana, excepto en el capítulo 86 donde vemos a los personajes en un domingo. Decía que es una fórmula arriesgada, porque puede ocurrir, como así sucedió, que una tarde no se emita y que el capítulo de viernes se quede para el lunes, y el del jueves para el viernes y así sucesivamente. Pese a ello reconozco que es muy interesante esta fórmula, que en cierta manera acerca al espectador al universo de los personajes a través de algo como el tiempo, un elemento que muchas veces se ignora en las telenovelas, haciendo que pasen los días sin que sepamos si los personajes tienen lunes malos o viernes buenos, como muchos mortales. No obstante, y por razones que desconozco, a partir del capítulo 110 se pierde toda referencia a los días en que sucede aquello que estamos viendo.

Yendo al fondo, a las tramas, en el plano personal son muy interesantes las relaciones sentimentales y de amistad que se establecen a partir del bufete. Es muy bonito ver cómo Jorge y Julia se enamoran y cómo se equivocan unas cuantas veces hasta, por fin, darse una oportunidad. También se disfruta mucho con la relación de Ángel y Alba, basada en un interés que da paso al amor, un amor que transforma de la mejor manera posible a un maleante como Ángel. No sé si es amor o no, pero también es bonita, a su modo, la relación entre Maricarmen y Francisco o el tira y afloja de Rodrigo y Berta.

En el capítulo de amistades, los distintos grupitos, como el de Rodrigo, Berta y Jorge o el de Olivia, Julia, Sofía y Alba resultan muy interesantes y más de una vez de sus conversaciones se desprenden ideas y formas de ver el mundo que llevan al espectador a pararse a pensar sobre muy diversos temas. Charly, Carol y Daniel aligeran un poco la historia con sus cosas y Sofía, con José y sus hijos, se encarga de dar un toque familiar a la telenovela, un toque que a veces resulta pesado, especialmente por la manera en la que los guionistas llevan a José, de fracaso en fracaso, durante unos cincuenta o sesenta capítulos.

No hay villanos al uso: Francisco, Ángel y Victoria dan guerra con el tema del lavado del dinero a través del bufete, pero enriquecen las tramas del despacho a partir de las distintas formas en las que se relacionan con los diferentes empleados o llevan los distintos casos. Lo mismo se puede decir de Madison, Chema o Héctor: no ponen zancadillas ni arman trastadas continuamente a los protagonistas, pero sí dan juego.

En el plano profesional, las tramas abarcan casos muy cotidianos, por así llamarlos: divorcios, despidos, herencias, propiedad intelectual… Que nadie venga buscando asesinatos, que no los va a encontrar, o al menos no con personas como autores y víctimas. Existen casos que son ficción pura y dura y otros que se basan en hechos reales, que se ficcionan, como el de la anciana que pintó de forma chapucera el retablo de la iglesia de su pueblo, o el de la famosa escritora de novela erótica que plagiaba, porque en realidad no era ella quien escribía sus novelas, sino lo que en el mundo editorial se conoce como un negro literario escritor fantasma. Unos son más planos que otros y los hay con pequeños giros que los hacen aún más interesantes, como el que enfrenta a Juan Pedro contra Montse Vera, su ciberamor; el del perro envenenado, o el caso de Martín Lago, el jubilado idealista que vive al margen del sistema bancario. Algunos son más serios, como el de las reliquias arqueológicas halladas en la finca de un hotel y otros tiran a lo cómico, como el de las tortugas asesinas. Como podéis ver, hay un poco de todo.

Dentro de este batiburrillo de casos algunos llevan aparejada algún tipo de crítica que los hacen más interesantes. Me pareció muy valiente que una telenovela rodada cuando aún gobernaba el PP criticase como lo hace esta los criterios que entonces existían para expulsar a inmigrantes ilegales de España y que la ley tenga por inmigrantes ilegales a quienes tienen un notorio arraigo en este país, como se ve en uno de los primeros casos de Julia. También me gustó mucho la crítica hacia los bancos y sus prácticas que se pone en boca de Martín Lago. Son dosis de realismo crítico o social que podrían haberse completado con algo que eché en falta: violencia de género. Es inconcebible que en una telenovela ambientada en un despacho de abogados no se toque un tema que cada año se cobra decenas de víctimas.

Más allá de ese realismo crítico o social, la telenovela tiene también muchos elementos de realismo del día a día. Prácticamente todos los personajes ligan a través de Acorder, tienen Feis y alguno, como Berta, usa también Fotopic.

El ritmo narrativo es bueno, marcado por esa estructura de capítulo por día de la semana. Dentro de la narrativa, me sorprendió mucho que buena parte de los acontecimientos suceden fuera de escena. De esta forma sabemos que Julia pasó el fin de semana con no sé quién haciendo no sé qué porque se lo cuenta a sus amigas, no porque nosotros lo veamos. Es solo un ejemplo de muchos ya que en todos los capítulos ocurre algo fuera de escena que el espectador conoce a través de los personajes, sin ser testigo de ello. No es lo habitual en las telenovelas, pero aquí han jugado bastante bien con ello.

El buen ritmo de la historia aumenta a partir del capítulo 110, cuando se desdibuja esa estructura de capítulo por día y comienzan a pasar muchas cosas dentro y fuera de escena. Supongo que a esas alturas se imaginaban que no renovarían ni la estrenarían a corto plazo y quisieron meter prisa a lo que quedaba por resolver. Hicieron bien. Sin embargo, ese esfuerzo fue en vano ya que todo ello conduce a un final muy abierto, difícil de explicar y que a mí me decepcionó un poco. Aunque en las redes sociales se tratasen de justificar asegurando que estaba concebido para una segunda temporada, me mantengo en que viendo el ritmo de los últimos capítulos sabían que era muy poco probable que hubiese una segunda temporada. Podrían haberlo cerrado, de haber querido, incluso después de haberlo rodado, con textos que informasen al espectador acerca de qué fue de cada personaje, como hacen muchas películas con finales abiertos. Pero no. Aun así, a partir de lo que se nos muestra en el final se pueden inferir muchas cosas y de hecho basta con darse una vuelta por las redes sociales de la telenovela para ver mil teorías sobre lo que pasa en esos últimos minutos.

Derecho a soñar está escrita por un equipo amplio de guionistas. Quizás por ello hay cosas que no cuadran. Algunas son nimiedades, como que en un capítulo se asegura que Olivia vive debajo de Chema y en otro que Chema vive debajo de Olivia. Otras son mucho más criticables, como el hecho de que Carlota asegure, en el capítulo 78, llevar un año de relación con Jeremy. Si fue así, entonces, ¿dónde quedó aquel amor tan grande que sentía por Felipe, del que llegó a estar embarazada? Porque cuando asegura lo de Jeremy han pasado unos seis meses, como mucho, de la muerte de Felipe. No cuadra y se ve que es algo sacado completamente de la manga.

Pudieron también, en esos capítulos finales, acordarse de un personaje que estaba al principio y que todo apunta que sabía que la muerte de Felipe no había sido un infarto: su secretaria, a la que Ángel invita a desaparecer tras lo sucedido, con un buen dinero como acompañante. Siento el spoiler, pero la muerte de Felipe no se resuelve nada bien, ni en este ni en otros sentidos.

Normalmente aquí terminaría este segundo bloque de la crítica. Sin embargo, en calidad de abogado y ya no de espectador, quiero dedicar unas líneas al trasfondo jurídico de esta telenovela. ¿Refleja fielmente cómo funciona el sistema judicial español? No. Lógicamente, son pocos los juicios que se resuelven en una semana, contando el tiempo transcurrido desde que se presenta la demanda hasta que el juez resuelve. Aunque en la telenovela todos se ventilan en cuatro o cinco días, en la realidad lo normal es que pasen, como mínimo, unos cuantos meses. Solo algunos procedimientos de la Ley de Jurisdicción Voluntaria se resuelven en días y en casi todos ellos se busca proteger a un menor o persona especialmente vulnerable en distintas circunstancias que justifican que se actúe rápido.

Lógicamente el tema de plazos es una licencia creativa para que la historia tenga ritmo y es hasta comprensible. No lo es tanto la confusión de órdenes jurisdiccionales que se lleva a cabo en la telenovela. Todos los casos acaban en el juzgado de primera instancia. Da igual que sea materia civil, laboral, penal, menores… El juzgado de primera instancia se ocupa de todo, cuando en realidad se ocupa de la materia civil y de determinadas cuestiones penales, siempre que además de ser juzgado de primera instancia lo sea también de instrucción. Todos los casos se resuelven en el mismo juzgado, ante dos o tres jueces, lo que tampoco ocurriría en la realidad: el juzgado que debe conocer de un caso se determina a partir de múltiples criterios, como el domicilio del demandado o del demandante, posibles pactos entre las partes… No es el que el abogado vaya a un juzgado de confianza, como sí da la impresión en la telenovela.

Además, en la mayoría de los procedimientos judiciales el abogado debe estar asistido por un procurador. En Derecho a soñar los procuradores no existen ni se les menciona.  También es habitual que tras un proceso en primera instancia una de las dos partes (o las dos) recurra. En esta telenovela nadie recurre y solo en una ocasión Berta plantea a un cliente esa posibilidad. Un último detalle que a mí personalmente me gusta y que aplicaría a todas las salas judiciales: en las que aparecen en esta telenovela no hay esa fotografía a gran tamaño de Felipe VI, rey de España, que preside todos los tribunales. Nunca entenderé por qué en un país con separación de poderes el rey tenga que estar presente, con su retrato, en los juzgados y administraciones públicas. Sin dejar las salas, también es muy raro que en los juicios reales haya público, salvo estudiantes o familiares de las partes. No es frecuente que la sala esté llena, como ocurre casi siempre en los pleitos que se ven en la telenovela.

En la aplicación práctica del Derecho y en el ejercicio de la abogacía Derecho a soñar también incurre en distintos errores. Para empezar, Julia es condenada por “una falta” por atentar contra el acosador de su jefe en el primer capítulo. Desde 2015 no existen las faltas en el Código Penal –entiendo, por los hechos, que es materia penal–, sino los delitos leves. No te pueden condenar en 2017 por algo que ya no existe o que no existe como tal desde 2015. También en el primer capítulo Julia asegura que es “licenciada”. Sin embargo, cuando acude a buscar trabajo a ZL&D se presenta como “graduada” y “sin másteres”. Si es licenciada puede que sea abogada; si es graduada, no lo es a no ser que tenga el máster habilitante para ser abogado, obligatorio desde 2011 o 2012. De los cinco años de licenciatura se ha pasado a un sistema de cuatro de grado y uno o dos, según los casos, de máster, para poder colegiarse y ejercer como abogado. Esa condena que le imponen al principio muy posiblemente le impediría, muy probablemente, colegiarse, algo que Julia hace cuando comienza a llevar sus primeros casos.

El día a día del bufete también tiene cosas que no se apegan mucho a cómo es el día a día en un despacho real. Para empezar, desde 2016 LexNET es el sistema que obligatoriamente se debe usar para presentar demandas, ampliaciones, recursos y demás historias. Es todo por ordenador y no se debe ir a los juzgados. Sin embargo, en ZL&D no existe LexNET y los abogados siguen yendo al juzgado a todo. Es curioso también que los abogados utilicen códigos inmensos, más gordos que el Quijote. Hoy en día en Internet está toda la legislación actualizada y lo que se suele hacer es acudir al buscador del BOE o a Noticias Jurídicas para saber qué está vigente y qué no. Rara vez se usan códigos o repertorios de jurisprudencia –en internet también están todas las sentencias– que tirar de códigos que por lo general más pequeños y manejables que los que usan en este bufete.

Pese a todo lo anterior, en Derecho a soñar se maneja bien la terminología jurídica y se ponen de relieve cuestiones que a los profesionales nos parecen muy obvias pero que al resto no: toda persona que tenga un juicio, sea víctima o verdugo, debe estar representada por un abogado, porque así funciona esto. Y el abogado unas veces defiende a la víctima y otras, al verdugo. Pese a ello, es habitual que se planteen dilemas como los que tiene Julia. Sí, lo ideal sería lograr justicia y defender lo justo, pero no es más que un ideal. Lo que nunca es ideal, y así se muestra en la telenovela, es que el abogado se represente a sí mismo cuando tenga un problema. Me gusta también que se hable de jurisprudencia y que se reflejen pequeños detalles del día a día de cualquier despacho, como que los abogados lleven casos de cualquier materia, que a veces les toque ejercer de investigadores, que luzcan impolutas togas en la sala de vistas o que la becaria, como cualquier becaria, se pase más tiempo haciendo fotocopias y atendiendo el teléfono que viendo casos. Sobre esto último, es lo que hay, es la triste realidad.

Aunque quizás en el desarrollo no hayan acertado todo lo que deberían y no se muestre ni a la justicia ni el ejercicio de la abogacía tal y como funcionan en la realidad, sí que es de agradecer que se hayan acercado al espectador términos jurídicos, pequeños detalles del funcionamiento de los juzgados, como la distribución de las partes en la sala o la forma en que se producen los interrogatorios, sin esos alardes oratorios y casi artísticos que se ven en las películas americanas, que es como muchos piensan que se desarrollan los juicios.

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